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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

lunes, 25 de julio de 2011

SAN CRISTOBAL... "EL COSTALERO" DE CRISTO.

Se celebraba antaño por hoy festividad del patrón de España, el apóstol Santiago igualmente la festividad de San Cristóbal, patrón de los transportistas y en si de lo conductores como podemos ver en infinidad de vehículos donde una estampa del mismo va colocada en algún rincón del interior del coche. Ahora se ha cambiado al día 10 de este mismo mes de julio pero en mi familia era costumbre felicitarse por hoy día 25. Y digo que se felicitaban porque el nombre Cristóbal es como el nombre de la familia, cuando hace unos años en la vieja alfarería se sucedían los convites cada sábado tras terminar la dura semana de trabajo que pagaban mis tíos, mi padre antaño los viejos, mi abuelo y seguramente mi bisabuelo. Y es que nombrar los Lendínez alfareros de Bailén es casi obligado pronunciar el nombre Cristóbal. Así se llamó mi bisabuelo Cristóbal Lendínez Salmerón que ya se sabe que trabajaba la arcilla a finales del siglo XIX en el mismo lugar donde se sigue levantando la inactiva cerámica, cuando aquella casa-negocio se encontraba en mitad del campo y no molestaba a nadie hasta que con el progreso y crecimiento del pueblo quedo engullida entre las nuevas casas de nuevos vecinos creando nuevas calles como La Carolina, Baños o Madrid. Con el llego mi abuelo, según los expertos y sin ánimo de que suene a “vacile” un grandísimo alfarero, lástima que este oficio no se le pueda considerar como un arte porque en realidad lo es. Después llego mi padre para terminar con alguien que se marchó demasiado pronto, casi sin avisar pero que satisfacción pensar tal como arengó a sus costaleros el capataz sevillano Manolo Gallego “qué grande es creer en Dios” y creer que está en ese inmenso valle de inigualables parajes de frondosa vegetación, donde siempre hay días claros y todo es felicidad porque estoy seguro que allí arriba en la Reino de Dios vela por nosotros mientras nos espera en el reencuentro.
Seguramente allí haya conocido su santo, del que la tradición cristiana cuenta que se trataba de un “gigantón” o un hombre muy corpulento. Poco puede decirse de él, como mucho que quizá fue un mártir de Asia menor a quien ya se rendía culto en el Siglo V. Su nombre griego, «el portador de Cristo», es enigmático, y se empareja con una de las leyendas más bellas y significativas de toda la tradición cristiana. Nos lo pintan como un hombre muy apuesto de estatura colosal, con gran fuerza física, y tan orgulloso que no se conformaba con servir a amos que no fueran dignos de él.
Cristóbal sirvió primero a un rey, aparente señor de la tierra, a quién Cristóbal vio temblando un día cuando le mencionaron al demonio. Cristóbal entonces decidió ponerse al servicio del diablo, verdadero príncipe de este mundo, y buscó a un brujo que se lo presentará. Pero en el camino el brujo pasó junto a una Cruz, y temblando la evitó. Cristóbal le pregunto entonces si él le temía a las cruces, contestándole el brujo que no, que le temía a quién había muerto en la Cruz, Jesucristo. Cristóbal le pregunto entonces si el demonio temía también a Cristo, y el brujo le contestó que el diablo tiembla a la sola mención de una Cruz donde murió él tal Jesucristo.
¿Quién podrá ser ese raro personaje tan poderoso aun después de morir? Se lanza a los caminos en su busca y termina por apostarse junto al vado de un río por donde pasan incontables viajeros a los que él lleva hasta la otra orilla a cambio de unas monedas. Nadie le da razón del hombre muerto en la cruz que aterroriza al Diablo.
Hasta que un día cruza la corriente cargado con un insignificante niño a quien no se molesta en preguntar; ¿qué va a saber aquella frágil criatura? A mitad del río su peso se hace insoportable y sólo a costa de enormes esfuerzos consigue llegar a la orilla: Cristóbal llevaba a hombros más que el universo entero, al mismo Dios que lo creó y redimió. Por fin había encontrado a Aquél a quien buscaba.
¿Quién eres, niño, que me pesabas tanto que parecía que transportaba el mundo entero? Tienes razón, le dijo el Niño. Peso más que el mundo entero, pues soy el creador del mundo. Yo soy Cristo. Me buscabas y me has encontrado. Desde ahora te llamarás Cristóforo, Cristóbal, el portador de Cristo. A cualquiera que ayudes a pasar el río, me ayudas a mí.


Y en su honor abro la entrada y en si también la dedico a la portentosa imagen del santo que se venera en la Colegiata del Divino Salvador de Sevilla, una colosal imagen que solo pudo haber salido del hombre que creo a Jesús de la Pasión, el mismo que guiaba sus manos para pasar a la inmortalidad como Juan Martínez Montañés, “El Dios de la madera”. La realizó en 1597 siendo su primera obra documentada que se le conoce. Sus 2.20 metros, su corpulenta musculatura y sus barroquizantes vestiduras nos habla de la genialidad del maestro de Alcalá la Real siguiendo seguramente la tradición y leyenda que hablaba de la gran presencia de San Cristóbal. Esta imagen hoy en día está expuesta en la iglesia, en un lugar quizás poco dado para la intimidad devocional y más próximo al ambiente museístico que antaño llego a procesionar por su ciudad ya que incluso tuvo su propia cofradía. La misma fue organizada en los años cincuenta y se procesionó unos pocos años en un día que se instauró en aquellas fechas llamado “Día Internacional sin Accidentes”. En ese día se trasladaba la imagen al parque de María Luisa donde en una de sus más bellas rotondas o glorietas – normalmente en la llamada de Isabel II, frente a la plaza de España- se celebraba una misa bajo la luz clara de la mañana.
Al parecer tuvo mucha pomposidad aquellas celebraciones sobre todo por la afluencia de conductores y sus heterogéneas carrocerías para finalizar con la vuelta de la imagen montañesina de San Cristóbal en una procesión única y diferente que haya existido en Sevilla, dada a que sus pasos sean portados por costaleros aquella procesión fue motorizada siendo llevada la imagen en una especie de remolque o carroza motorizada exornada con faldones con guirnaldas de verde vegetal salpicadas con flores. Aquel curioso paso se completaba con algunas jarras y candeleros. Con el fin de contrarrestar el enorme volumen de la imagen, esta iba sujeta por detrás con una barra metálica, que garantizaba su estabilidad. Y como las barras de apoyo –llamadas también “cirineos”- para las cruces de los Cristos Nazarenos se envolvía con hojas de esparraguera. Cuatro faroles de Antonio Santos Campanario iluminados por la antiestética luz eléctrica custodiaban en las esquinas al santo que cargo con Cristo. Y pensando esto último se le podría considerar el primer costalero, por que tuvo el noble oficio de cargar con el Redentor como hacen los costaleros y todo aquel hombre o mujer que porta sobre sus hombros las benditas imágenes, porque aunque solo sean eso ¿qué sentido tendría si rebosante la fe no pensaran que quien va arriba es Jesús y María?
Patrón de los transportistas y también debería serlo del costalero pero bueno seguiremos rezando al santo de la familia, que otro de mi hermanos es transportista y si algún día, los incipientes sevillanos deciden volver a sacarlo en procesión háganlo con los transportistas más divinos… con costaleros. Como no, esta entrada también va dedicada a uno de mis amigos más “jartibles del capilleo”, Cristóbal David Valdivia… Cris para los amigos.


1 comentario:

Cristóbal dijo...

Hombre Lendi!!! jejej, no había visto esta entrada, vaya casualidad también porque será de las pocas que no haya visto, gracias tio por la dedicatoria y un abrazo!!!

Cris "lauden" jejej

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