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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

jueves, 16 de junio de 2011

LA CRUCIFIXIÓN EN EL GOLGOTA ZAMORANO Y MADRILEÑO...(X Estación).

Continuando con los pasos que integraran el multitudinario Vía Crucis de las Jornadas Mundiales de la Juventud en Madrid del mes que ya se empieza a palpar por el clima, agosto me detendré en esta ocasión en la estación que los asistentes con su santidad el Papa a la cabeza conocerán de la peculiar Semana Santa de Zamora, fiel al modelo que estilan en el norte de España y que es conocida como la “Semana Santa castellana”•.
Paso de la Elevación.
Se representará el pasaje de la Crucifixión de Nuestro Señor, fiel reflejo del estilo y la valentía iconografía que se gasta por allí arriba a comparación de los misterios andaluces donde siempre se buscan sobre todo las cosas la prominencia de la figura de Jesús entre el resto de imágenes secundarias. En este conjunto no ocurre como puede pasar en Sevilla, Málaga o Jerez de la Frontera en los misterios de la Exaltación en los que la cruz ya está a medio alzar o exaltada y por ende Cristo ya está crucificado –aunque también posean esta escena, llamada como “La Elevación”-. En este conjunto se pierde esa perspectiva, recreando un pasaje más real, quizás sin buscar esa mística que debe estar cercana al ojo del espectador al contemplar siempre el rostro de Cristo. En esta escena vista de a pie de calle, solo podremos ver una magnifica perspectiva de sayones en el arduo, doloroso y trágico trabajo de atravesar las manos y pies de Jesús con los clavos para su suplicio final en la cruz mientras la Virgen, San Juan y la Magdalena contemplan llorosos la escena.




Esta es la idea que plasmó el conocido imaginero local del siglo XIX Ramón Álvarez Prieto con el último misterio que realizaría para la Semana Santa zamorana antes de fallecer en 1889 realizado en madera de pino. Este artista Nació en Coreses (Zamora) el 22 de Septiembre de 1825 junto con su hermano gemelo Santiago - Mauricio, siendo los más pequeños de cinco hermanos.

Pasó su infancia en Coreses, y la pobreza, pronto hizo que Ramón tuviera que abandonar la escuela, para cuidar el ganado de un hojalatero del pueblo, de quien aprendería su futura profesión. Durante el periodo de 1835 a 1839, la familia emigra a la capital zamorana en busca de prosperidad, asentándose en los barrios bajos de la urbe, probablemente en la calle Buscarruidos. En la Escuela de Dibujo de la Sociedad Económica Amigos del País, Ramón, adquirió sus primeras nociones de dibujo, pero la falta de medios hace que tenga que dejarla para entrar a trabajar en un taller de latonería.

Virgen de la Soledad.
Abriría su propio taller hojalatero con 20 años. Su buen hacer hace que le adjudicasen los trabajos de mejora del alumbrado público de la ciudad. Alrededor de 1857, Ramón, abandona la hojalatería, y empieza a dedicarse al dibujo, a la escultura y a la restauración de muebles y obras artísticas. Es en esta época, de donde proceden sus primeros trabajos escultóricos documentados.
Su aportación escultórica a la Semana Santa de Zamora es extensa comparable a ejemplos como Víctor de los Ríos en Linares, León Ortega en Huelva o Lastrucci en Sevilla, del que por cierto se inspiró y utilizo como modelo la Virgen de la Soledad de Zamora, obra de Ramón Álvarez para realizar una de sus dolorosas más personales como es la Virgen del Consuelo de la hermandad del Silencio de la ciudad de Almería.

Volviendo al misterio protagonista de esta entrada -el de mayores proporciones de cuantos realizó- , el cual procesiona en la madrugada del Viernes Santo con la cofradía o Congregación de Jesús Nazareno y es recomendable contemplarla desde las alturas – de hecho se ha instalado en el Museo de Semana Santa donde un gran espejo en el techo para contemplar mejor el grupo escultórico-como pueden ser los balcones. Cobró por este trabajo 2.750 pesetas comprometiéndose a terminarlo en 1881 posponiéndose esta fecha hasta 1885 a causa de varios problemas personales y físicos.
Será portado por el paseo de la castellana sobre su sobrio y sencillo paso como es costumbre por aquellas tierras por una cuadrilla de 44 cargadores, siendo extraño o a destacar que los pasos no sean portados a ruedas.



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