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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

viernes, 29 de abril de 2011

DOMINGO DE RAMOS EN SEVILLA... EL GRAN DIA (y II).


Con la primera toma de contacto al Domingo de Ramos y en si a la Semana Santa aún se podría decir que no nos habíamos dado cuenta lo que estábamos viviendo y como diría el amigo Arcos “sintiéndolo”. Difícilmente podríamos cambiar de objetivo cuando el sofocante sol comenzaba su retirada y dejar de presenciar un año más la impresionante salida de la Amargura… que se puede añadir más a lo dicho tantas veces, es siempre igual pero siempre diferente pero tenía ganas de comprobar con nuestro nuevo acompañante, Óscar si aquello son suposiciones nuestras o simplemente esta hermandad es de otro mundo.
La plaza de San Juan de la Palma se encontraba casi completa de personas, aún quedaban tres cuartos de hora para que asomase la cruz de guía seguida de esa serpiente blanca que atraviesa la ciudad, incluso antes de que comience la estación de penitencia. Refrescándonos con unas cervecitas del bar de la plaza esperamos impacientes, sin apreturas y casi en el mismo lugar de siempre que comenzara todo. Centenario del estilo que reluce esta hermandad cada Domingo de Ramos cuándo se abrieron las puertas y se masca en el aire una salida de hermandad de silencio pero a la vez como si fuera de barrio. Esperábamos ansiosos los ciriales para echarle el ojo a un amigo que cumplía un sueño. Quien se lo iba a decir al “Moro” años antes cuando entre la policía y el público tuvo que salir de allí pintando por llegar el último y colocarse el primero y este pasado domingo fuese ejerciendo de escolta como guardia civil al Señor del Silencio en el Desprecio de Herodes. Las cosas de la vida de este gran patero trasero izquierdo del Soberano de Linares y este año escolta del “Herodes” de Sevilla, aquel que con su señora y amigos espera cada Domingo de Ramos en las mismas vallas de la puerta para deleitarse con la categoría de la que muchos dicen es la mejor cuadrilla de costaleros de paso de misterio de la ciudad… por no decir del mundo.





Todo fue igual y distinto, el silencio se apoderó de la plaza y le salió color…el blanco, a través de los instrumentos de las Tres Caídas de Triana que en esta tarde se hacen la banda más clásica y seria del planeta. Merito tiene esa adaptación desde que sustituyeran hace veinte años a la mítica banda del Maestro Patón para con su aportación seguir reinventando este sublime estilo llamado “Silencio Blanco”. Pocas marchas propias le tocan, incluso pocas clásicas pero continuó su poderoso caminar con otra de sus aportaciones al importante patrimonio musical de la hermandad con la marcha “Al Desprecio de Herodes” para perderse en su largo caminar por la calle Feria. Una marcha que contiene fragmentos de los dos himnos de la corporación como es “Silencio Blanco” de Julio Vera y “Amarguras” de los Font de Anta… siguió emergiendo la serpiente blanca de altos capirotes y cruz de malta para qué volviese a embrujar los sones de esta última marcha. Necesitó el genial músico una fotografía para decidirse a componerle esta marcha en un lugar tan distante cofradieramente hablando como es Madrid y les bastó para componer la que es para mí la marcha de las marchas, esa que con solo escuchar unos acordes piensas en incienso y olor a cera sea abril o sea agosto. La perfecta simbiosis entre Cayetano y Juan Manuel comenzaron a emerger del interior para mostrarnos a esta madura Madre dolorosa en su inconfundible compañía del San Juan que le da renombre a Hita del Castillo…por ser el de la Amargura. Arriá tras la salida, la música sigue inúndalo todo como su Amargura y levantá a pulso que hizo que el amigo Óscar nos mirara con los ojos fuera de sí…valió la pena, La Amargura no es de este mundo y por más que quiero no puedo narrárselo a ustedes.





Ya si era Semana Santa y aún quedaba más, buscamos la cercana calle Sales y Ferré para presenciar a esas horas nuevamente el misterio de la Cena en su itinerario de vuelta. El año pasado nos maravilló el entorno presenciando el Martes Santo a los Javieres, por eso pensamos que era un lugar maravilloso para presenciar el discurrir de un “barco”. No nos decepcionó el trabajo de la cuadrilla en las estrecheces de la zona, pasando el respiradero rozando nuestras narices mientras las Cigarreras lanzaban al aire una impresiónate oración musical llamada “Y fue Azotado…”. Nos metimos tras el paso, impresionándonos de su grandiosidad y de la calidad de su cuadrilla con levantas fortísimas y salidas poderosas, como la que realizaron tras pasar un estrecho de balcones para presentarse en la plaza del Cristo de Burgos. Ahí decidimos dejarlo con un gran sabor de boca mientras que los candelabros de su Madre de la Encarnación Gloriosa comenzaban a dejar una nueva estampa del Domingo de Ramos.








Ahora tocaba comer… pero preferimos quitarnos el hambre –que la verdad no había- con el Amor y las Penas de Dios… calle Cuna, casi en la televisiva esquina de Laraña con Orfila para presenciar el discurrir de una de las señeras hermandades de Sevilla. Nazarenos negros surgían de la nada porque su cruz de guía ya salió al medio día marcando el camino triunfante de Jesús sobre la Borriquita para ahora mostrarnos el por qué nos viene crucificado…por Amor.
Qué decir del portento creado por Juan de Mesa que dejaban boquiabiertos a una familia de guiris que se apostaban a nuestro lado. Seriedad, elegancia, respeto y como no arte… mucho arte mientras continuaba su solemne caminar y se dibujaba a sus pies la simpar alegoría del Pelicano del Amor. Elegancia y arte desde el principio hasta el final, y el final lo marca la dulcísima Señora del Socorro que camina cobijada entre la música fúnebre de las Cigarreras (la banda de música) y la suntuosidad de su paso palio. Curioso como un palio de malla se complementa a la perfección con el rigor de la cofradía y ese manto que como apunto Óscar es liso… liso de oro.









Y ahora tocaba el reencuentro, la alegría y eso en Sevilla tiene su máxima expresión en su república independiente…Triana. Tocaba buscar la calle Adriano y las puertas de la recoleta capillita del Baratillo pero estas cosas que se pasan por la cabeza de repente me hicieron buscarlo antes y disfrutar de su presencia durante más rato y caminar tras el “Penas de Triana”. Había que alcanzar unos de los epicentros cofradieros de la ciudad, el Arco del Postigo y los programas de mano indicaban que los hombres de Vizcaya estarían cerca con su “Zapatero” trianeando de vuelta. Hubo que aligerar el andar entre el enorme gentío que se condensa a esa horas en todo esa zona. Cuna, Salvador (San Roque nos tapaba Francos), Álvarez Quintero, Alemanes, plaza Virgen de los Reyes, plaza del Triunfo… el Señor estaba ya próximo al antiguo Postigo el Aceite y hubo que correr matemáticamente bordeando el Archivo de Indias –mientras Félix pensaba cosas malas de mi- para vislumbrar la clámide azul del romano que controla a los mercenarios o sayones que preparaban su crucifixión al compás de los agónicos acordes de “Aire para mis Penas”… la meta estaba alcanza y ahora Félix pensaba cosas más bonitas de mí y de mi santa madre… y ahí comenzó un encadenamiento de sensaciones indescriptibles, chicotá tras chicotá del Señor de la calle San Jacinto. “Jesús de la Agonía”, “Réquiem”, “Macarena”, etc… para llegar tras Él a los pies de sus “Madres” de la Piedad y la Caridad. Comenzó la chicotá y la revirá con una marcha que quieren que les diga, me emociona y me puso la piel de gallina, como es “El Refugio de una Madre”. Sobre los pies hasta encarar el umbral de la puerta y terminarla al estilo de Triana. Para el saludo sonó la marcha “Una Vida de Esperanza” –que han utilizado en muchos de sus puntos álgidos- y para marcharse esa marcha que le dedicase la banda al arte de las cuadrillas del barrio… “A la Triana Costalera”. No diré que es la mejor cuadrilla pero si me dejó el sabor de las cuadrillas de hace unos años, donde los cambios son para impresionar, para sorprender no para demostrar el gran dominio y caer en una sucesión sin apenas sentido, y aunque son unos genios –sobre todo ese izquierdo por delante- trabajando, sobre todo atesoran el arte y la elegancia tan difícil de mantener en este estilo que en muchos casos se sale de la línea entre lo elegante y lo chabacano. Motivo por el que me identifico con esta hermandad y por la que llevo su medalla colgada en el coche como uno de mis grandes referentes.



















Tras estos intensos momentos y de empujones, nos salimos en Pastor y Landero para descansar un poco y marcharnos hasta el mismo centro del Puente de Triana a espéralo de nuevo y presenciar por primera vez este que subscribe la recogía de la hermandad de la Estrella. La hermandad volvía al barrio, raro era el nazareno que no iba acompañado de alguien mientras en la penumbra y oscuridad del puente llegó como entre ascuas de luz de sus candelabros y la luna de pascua iluminado su cara. Aquí viví una sensación que me habían contado y que nunca había sentido cuando al levantar el paso el puente tembló… “a quitarle el polvo al puente” grito un costalero y más bien pareció que lo iban a hundir, llegando incluso un hombre a tranquilizar a una chavalita que llego a temerse lo peor.
Pero lo que llegó fue lo mejor, las Penas de Dios volvían a Triana y la frontera del Altozano a pocos metros mientras sonaba “Amor de Madre”. El busto del Señor de la Presentación de Dos Hermanas que pende del banderín de su banda quedaba lejillos pero con la potencia de los músicos nazarenos eso no es problema y comenzó a encadenarse chicotá tras chicotá, con una fuerza que me sorprendía y las marchas se sucedieron… “Al Dios del Perdón”, “Penas de Triana”, grande la emoción con la marcha “Sentir”, “Sangre” y otras tantas que ya me cuesta recordar para plantarse en la puerta con una marcha que su título lo describía todo… “En Triana”. Reviró con “Pilatos a Jesús” y nuevamente para despedirse de la repleta calle San Jacinto sonó “Una Vida de Esperanza”. Con ella y aunque vuelta la cuadrilla, con un izquierdo para atrás se introdujo en su capillita siempre mirando al cielo.













Tras esto, que serían las dos y pico de la mañana decidimos terminar el día en el Altozano con la bellísima Señora que ya empiezan a atribuir a la Roldana. Larga la fila de nazarenos y larga la espera y ahí ya ¡¡cenamos!! Un bocata de esos de puesto de feria que lleva de todo y no sabe a nada. Con el estómago lleno, llegó la Stma. Virgen de la Estrella que relucía mas en ese cielo despejado que con las horas cambiaria tanto y al final con esos cambios que ya anunciaban los mentideros cofrades… cera “enrrizá” y por lo menos ahí que es el único sitio donde la vi, ese andar antiguo tan de moda en los años ochenta y en los videos del Correo. Que quieren que les diga a mí no me gustó, prefiero la estética de estos últimos años y sobre todo si había algo que me enganchaba de este paso era ese andar serio, sin moverse una bambalina que me sorprendiera hace unos años. Incluso el repertorio me decepcionó con “Esperanza de Triana Coronada” o la archirepetida “Madre Hiniesta”. Pero bueno todas estas cosas son siempre secundarias cuando en medio reina la Madre de Dios tan guapa como es Ella, entre sus ricos bordados y orfebrería y vestida como solo los Garduño saben.
Domingo de Ramos intenso, magnífico, quizás el mejor que haya vivido para volver al hotel con la incertidumbre de que aunque pareciese imposible los pronósticos auguraban cambios a partir del Lunes Santo pero eso ya será en futuras entradas.

Fotos: Óscar Ortega (Videos salida hermandad de la Amargura) y un servidor.

















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