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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Y TE BAJARON LOS ÁNGELES PARA DEJARTE EN SEVILLA...


Casi seis kilómetros según el programa Google Earth recorrimos desde que nos bajamos del coche hasta que llegamos a la glorieta confluencia de la avenida Juventudes Musicales con la avenida Dr. Frediani en busca de ESPERANZA.
Esa glorieta que tantas veces he recorrido cada vez que viajo a Sevilla, por una avenida que no recuerda y no retrotrae a la Sevilla que buscamos siempre los capillitas… la de las calles unidas intrínsecamente al mundo de las cofradías.
Pero si había alguien que tenía que arreglar aquello solo podría ser Élla, la que todo lo puede en Sevilla, la Reina y Madre casi sin discusión de la ciudad cuando en torno a las once de la noche entre una multitud que recordaba a las procesiones malagueñas –por el paisaje- o las estaciones de penitencia de las hermandades de barrios periféricos caminaba con un perfecto compas al son de una marcha que le dedicara Abel Moreno con su único y universal nombre…MACARENA.



No sabe uno qué decir, que escribir cuando poco a poco se iba acercando el improvisado paso de gloria… dicen que la estatua de Juan Manuel tenia un gesto serio desde la madrugada, al parecer Ojeda no le había sentado bien que su Señora fuera incompleta , sin la maravilla que soñó inspirado en sueños angelicales para cubrirla en las madrugadas eternas y la verdad que falto el compas de su palio bordado en brisas macarenas pero la verdad que cuando Élla se acerco recordé una frase que le escuche una vez a un macareno que decía que cuando la Madre de Dios en Sevilla pasa por delante de ti mágicamente desaparece todo, hasta el sonido solo queda su rostro, el más humano y divino a la vez de Sevilla.


Así fue, cientos de personas apostadas a su alrededor, otros tantos cangrejeros que la verdad no se que iban disfrutando, llevando en volandas a los sufridos acólitos y más pendientes de no ser arrollados por la multitud que del paso de la Esperanza. Pero cuando Élla llego se hacia un silencio espectacular, inenarrable y la bella luz de la cera le daba en su rostro esa luz única que tantas madrugas he visto a través de un televisor.








Un ritmo prefecto le imprimió su cuadrilla al caminar del paso con un seguramente agotado Antonio Santiago al frente, más no se podía andar por que por donde pasaba Élla era imposible acceder. Atajando por las calles adyacentes la pudimos contemplar un par de veces más acompañada de su inseparable Carmen de Salteras que por cierto no sé si eran las calles o no sé qué pero la banda parece que le bajaron el volumen, quitando la recogía tengo que decir que me decepcionó su actuación.
Sobre las una de la mañana llegamos al atrio de su basílica, a los pies del arco por el que parece que al pasar Élla es como una puerta astral al reino de su Hijo Bendito y ya había gente apostada a las puertas esperando que llegase como si la luz del sol de un Viernes Santo a la hora nona se hubiese nublado por las tinieblas recreando una atípica recogía.
Entre las dos y las tres de la madrugada asomo el paso al fondo tras visitar el hospital que lleva su nombre para presentarse en la llamada explanada de la Resolana. Ya estaba de nuevo la Esperanza en su casa tras 24 horas fuera de las fronteras de San Gil y como digo un Carmen de Salteras sonando más “fuerte” y mejor.





Revirá o giro completo al son de la magnífica “Macarena” de Emilio Cebrián antes de tomar la dirección al arco que enmudeció a la multitud, esos silencios de Sevilla que siguen sorprendiéndome mientras al son de la música nos mostraba otra de sus tantas maravillas como el manto que lucía, el de la Coronación dibujado por Fernando Marmolejo y bordado por otra Esperanza al igual que Élla…Elena Caro. Termino la marcha, algarabía y aviso de platillos para la siguiente marcha del recientemente fallecido José Velázquez, “Aniversario Macareno” - lo que me acorde de mi padre- para esta vez sí buscar el arco al compas de la genialidad de López Farfán, “Pasan los Campanilleros” para entrar en el Olimpo macareno, en la gloria de San Gil.
Sonaron sus marchas por antonomasia para que todo fuera como siempre, “Macarena” de A. Moreno, “Pasa la Virgen Macarena” de Laserna, “Esperanza Macarena” de P. Morales, “Coronación de la Macarena” de Braña, nuevamente “Aniversario Macareno” para en torno a las tres de la madrugada y tras una canción de Alex Ortiz –en lugar de su ya tradicional saeta en la mañana del Viernes Santo- volvió a su casa donde la esperaba el Dios de la dulce mirada que mira a Sevilla escuchando la Sentencia del alma y que cada día del año su Madre de la Esperanza consuela con su infinita hermosura.

Fotos: David Mira Durillo.... de alma trianera por los cielos de San Gil....









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