Buscar en el blog

domingo, 5 de abril de 2020

MI DOMINGO DE RAMOS FUE EN BETFAGÉ...


Con tanto tiempo para reflexionar, creo que he llegado a una conclusión para entender por qué fui a Tierra Santa las pasadas navidades. Nadie se piense que lo estuve preparando durante meses. Eso lo hicieron el resto de compañeros de la peregrinación. Por si alguien quiere saber más datos, el viaje lo organizó una parroquia de Madrid, la del Buen Suceso, donde está como en una especie de coadjutor un bailenense, un viejo amigo desde la guardería, el sacerdote Alfonso Puche Rubio. Pues bien, en ese viaje no solo fueron los feligreses del Buen Suceso, sino otros muchos pues que se enteraron por estos mismos feligreses, la mayoría familiares de ellos.
Como el cura era de Bailén, pues sus padres cumplieron el sueño de visitar lo lugares donde caminó y vivió el Hijo de Dios. Y por ellos fueron dos familias más de Bailén. Por cierto, como uno era Zagalaz, quien lo diría, de su padre y mi abuelo y de la Santa Vera Cruz de Bailén estuvimos hablando mientras comíamos espagueti a eso de las 12 de la mañana (en frente) tras visitar la basílica de la Anunciación de Nazaret…
Volviendo a la historia, para entonces ya había comenzado a trabajar la mano del de allí arriba y yo no lo sabía... hay que advertir que este tiempo no suelo trabajar, por eso yo estaba en mis cosas, investigado y de repente mi madre entró a interrumpirme y me dijo que el hermano de la vecina (gracias por todo Juan Angel y Rosa) se iba a Tierra Santa el sábado (era lunes) con un viaje organizado por Puche, "¿quieres que pregunte si puedes ir? ¿te atreves a ir?" Sin mucho para pensar, dije que sí. Tras informarse me dijo que había dos problemas, yo no tenía pasaporte y ya era demasiado tarde para hacer las gestiones. Una pequeña decepción, que respondí con: “pues me lo busco por otro lado, pero yo me voy a Tierra Santa”.
Viendo el problema que suponía no tener pasaporte para un imprevisto de este tipo, fui a pedir cita, que pensaría me la darían para tres semanas, pero no, podía ir al día siguiente, y al otro, y al otro... y que como yo seguía con mi investigación me la cogí para el jueves, que ponía lluvia y no iba a viajar a investigar mientras por Internet buscaba alguna oferta que me interesase, pero para enero o febrero… nada más llegar, me llamó una agencia para ir en enero, pero más por Jordania que Israel… “um esperen que lo tengo que pensar” les dije. Nada más colgar, al medio día, mi madre emocionada me buscaba diciéndome que la había llamado Candi, la madre de Puche, que había un hueco, pero ella pensaba que ¡no tenía pasaporte!, ¡lo tenían bien fresco!. hay que ver, se organiza el viaje cuando estoy libre de trabajo. Además, iba una madre con su hijo y una amiga de la madre, dejando el muchacho la triple para irse conmigo a la doble… todo así se fue cocinando en apenas dos días…
Juzguen ustedes mismos, algo estaba amasando aquel al que iba a visitar su tierra. En un día tuve que prepararlo todo, pasé de ni pensarlo a estar sobrevolando en la noche de Tel-Aviv en una experiencia única en mi vida, hablando con una media sevillana-israelí que visitaba su medio país (madre sevillana [de la Macarena] y padre de Haifa) por ser un capillita y que su otra media ciudad tenía mucha culpa... qué cosas, llegué a Israel hablando con una judía sevillana…
En fin, no vengo a contarles nada de la peregrinación. Pero me detendré en el día 28 de diciembre, que junto a la mañana del día 29 se condensó sin saberlo mi semana santa, dejémoslo en la de 2020. Fue la mañana donde por fin podía pisar y conocer cómo fue aquel caminar del rabí de Galilea. Había estado en su portal de Belén y en su casa de Nazaret. Navegué el mar por el que Él caminó, me bauticé en las mismas aguas (bautizado por mi primer amigo capillita) donde se echó todos los pecados del mundo, subí a la cima llena de calma donde se transfiguró, en fin tantos lugares… pero la ciudad santa se abría ante mis sentidos. Aquel día 28 caminamos por una larga y pendiente cuesta, una calle que desilusionaría a cualquiera y llegamos a un lugar donde había una iglesia. He de decir que la mayoría son iglesias modernas que tal vez a muchos no impactarán. Pero es que ir allí, más que a ver… es a sentir.

Salve Regina...


La casa de María

Hablando de Zagalaz, Lendinez y la Cruz....
Buscando el pesebre



En el lugar había dinero...

El Tabor

¿Pedro me amas?¿Pedro me amas?¿Pedro me amas?
No solo fue el bautizo... si no que lo hiciera mi amigo
Aquella iglesia estaba llena de motivos decorativos a Jesús a lomos de una borriquita. Obviamente estábamos en el lugar donde Jesús eligió su humilde “vehículo” real para entrar en la ciudad donde se consumaría la entrega por la salvación de los hombres. Aquel día sentí que la chispa se había encendido como nunca antes, empezaba la Pasión, Muerte y Resurrección, ¡empezaba la Semana Santa! aquello por lo que había soñado tantos años. Mosaicos, pinturas (las iglesias no son como las de aquí, o más bien como algunas modernas) algún vestigio de las iglesias bizantinas que nos recuerdan que los primitivos cristianos señalaron esos lugares como los “Lugares Santos” y una imagen en bronce, curiosamente realizada en España y regalada por españoles (no estaba mal, pero pensé que se podían haber pasado por un taller andaluz), que tantos recuerdos a un día como hoy nos trae una imagen de Jesús a lomos de una mula en su entrada en Jerusalén. Como dije había que sentir, la vista no te podía decir mucho. Pero pronto en mi mente vi esas colinas vacías de edificios, de ese campo tosco de Israel y sobre todo la orografía del terreno. Pude ver y entender por dónde venía Jesús con sus discípulos y qué dirección tomó, y vi aquellos hombres del siglo I subiendo esa misma cuesta que luego a todos nos destrozó al volver. Sentí a Jesús subiendo a la cima para volver a descender hasta Getsemaní (con un río Cedrón seco). Me pregunté qué sentiría Jesús al ver la magnificencia de la ciudad antigua que se asomaba ante mi para que nos bombardeáramos de fotografías. La imagen que vi no era la que Él vio (Él vio el templo y yo la mezquita de la cúpula dorada, la de "Omar" o de la "Roca"), pero como digo, es un viaje para ver maravillas, pero sobre todo para sentir dónde estás pisando. A cada paso había un lugar donde ocurrió esto o aquello, hasta que terminamos en el famoso huerto de los olivos.
Hoy en este triste Domingo de Ramos para los capillitas, he llegado a la conclusión, de que ese improvisado viaje a Tierra Santa era porque Él sabía que esa iba a ser mi Semana Santa. No cogí las riendas de la mulica de bronce en un mero postureo, quería sentir que yo era uno de los doce y llevar al Rey de Reyes una vez más a su entrega de amor por donde todo ocurrió… quise caminar tirando de su burra aquellas pendientes, fue un nuevo Domingo de Ramos, pero el más diferente. Dios me lo concedió. Me dio respuesta a los sinsabores del año, a los sinsabores de la vida cuando a veces la mente se apodera del ser y te hace lamentarte porque crees que no lo tienes todo. Solo se, que justamente lo contrario pudo hacer realidad ese viaje en un solo día… mi Domingo de Ramos fue el 28 de diciembre en la misma Betfagé tirando de la burra del Señor en busca de la Jerusalén eterna…





¡venga de frente... Señor!


domingo, 29 de marzo de 2020

EN UNA CUARESMA MUY LEJANA...



Dicen que la Semana Santa no se ha suspendido. Lo dicen porque la Semana Santa no son o no solo son las procesiones. Dicen que los que nos tiramos de los pelos por que no hay procesiones no nos acordamos de ellas nada más que cuando florece la primavera… es curioso. No pisamos una iglesia en todo el año. Ni vamos a misa nunca. No voy a decir que no yo no sea así… aunque dudo que ellos puedan corroborarlo de que no lo hago…
Nos quedamos primero sin cuaresma, y nos quedaremos sin Semana Santa (y Dios sepa ya). La gente reza en casa o asisten a los cultos a través de retransmisiones de un cura que solo mira a una cámara porque lo bancos están vacíos. Y en Semana Santa qué haremos, ¿ver más videos? Hace pocos días mi padre me dijo: “¿pondrá el Canal Sur la Madrugá del año pasado?” Y le dije: “papá, eso lo soluciono en un segundo”, y la Smart tv lo trasladó como si de una máquina del tiempo fuese, a la noche santa del pasado año. ¿pero eso es Semana Santa si no sentimos los relentes de la gloria a la vera de un paso?
Es curioso, nos invitan a la Semana Santa interior, y este no sabia que el Dios del calvario me la dio aquella madrugada navideña caminando por las oscuras y calladas calles de la Jerusalén vieja. En el roce de la piedra donde pusieron su cruz, en el perfume (parecía azahar) de la losa donde Dios durmió la antesala de las aperturas de la gloria. Amaneció en Jerusalén con esa misma luz de una mañana de Viernes Santo. No les exagero. La guía, religiosa ella, nos anunciaba que el sepulcro estaba vacío, que Jesús ¡había resucitado! Aún recuerdo que una mujer de la peregrinación me dijo, ¿porque has venido? Le dije: “estoy muy unido a Dios por su pasión y muerte, las cofradías andaluzas crean tipos como yo”. Ella lo entendió perfectamente, aunque me dijo que se quedaba con la resurrección. Curioso, me recordó algunos pasajes de mi pregón, cuando les hablaba a aquellos que no entienden la pasión y la muerte, que solo querían al Jesús que caminó la mar… esa mar que Él me concedió tocar y hasta navegar… ahí entre tantas cosas de cofradías hay una piedra del mar de Galilea.
Muchos me preguntaron si es lo más especial del mundo y yo me contestaba: nada como mi Semana Santa, ni el sobrecogedor vía crucis por esas callejas. Me pregunto, ¿me llevaste allí porque este año sabías que para mí no sería Semana Santa, aunque siempre podamos recordar aquellos momentos, como cada año bajo la luna del mes Nissan? Es curioso que no vamos a misa y ni tenemos vocación cristiana los capillitas, eso van diciendo desde esos lugares (como diría Carlos Herrera) “los que creen que un hogar solo es un sitio del que se puede salir sin fianza”. No ha habido cuaresma, o sí hubo algo.  No sé si os pasa, pero para mi ya me perece del año pasado como mínimo. Como cuando me asenté por San Nicolás, la devoción del maestro Herrera viendo la maravilla que es una casada de cera, con la misma explosión de los sentidos como si el domingo que viene no hubiera nada de pandemias. Me parece tan lejano aquel caminar hasta San Marcos y extasiarme en la sobriedad de la meditación en la penumbra de unas tinieblas gloriosas ante el Señor de los Servitas. El placer de paladear como allí se hace todo, hasta la misa… y eso que no vamos. No vamos a misa, pero una semana antes el Dios de la cruz de Triana me hablaba desde lo alto del madero. Había un concierto, que mejor que prepararlo con la palabra. La palabra hecha música de una madre cigarrera enmarcándome a ese Jesús de mis fantasías con la misma cara del gitano de la cava. ¡Por Dios!, me parece casi hace un año, cuando por Granada andaba envuelto entre papeles viejos (buscando historia cofrade) y a mi vuelta a la cama me pasé por los cultos de Jesús Nazareno en la refulgente luz de las hechuras más granainas. Y es verdad, la iglesia no estaba llena, pero por una simple razón, aún no hemos enseñado a saborear el éxtasis de la liturgia. Todo no quedó ahí, al día siguiente me apresuré a recibir la cuarentena más ansiada (esta no ). Aquella que se recibe con ceniza, como en la que se convertirán muchos más de los que nos esperábamos en esta triste cuarentena. Comenzaba la ilusión bajo las naves catedralicias de la casa del Santo Rostro. Allí estaba presidiendo junto a la imagen del que ostenta el poder y el imperio. Nazareno del nuevo Jaén que caminó aquella nave que tantas veces veo cuando hurgo en la historia. Junto a la capilla donde estaban las imágenes que pocos días antes había descubierto su paternidad en Pasión y Gloria. Para entonces la gente evitaba darse la paz… no tardé mucho en dar nuevamente la paz, porque seguí investigando, y viajando (en Granada otra vez, el miedo se palpaba ante el desgarrador caminar del Gran Poder y la desgarradora caída de parpados de la Esperanza). Y una noche por el Jaén de la noche de los tiempos me dirigí a las profundidades de naranjos y piedra de San Bartolomé para ver a Dios morirse sobre una pirámide de luz. Y Dios se hizo presente entre el incienso y el organillo me adentró “en manos de Jesús”. Así, la Expiración del maestro Medina llenó el pan de Él mientras las viejas coplas de una época transcendían a la levedad de la vida rememorando esos tiempos que esperemos, nunca se marchen…
Me parece tan lejano todo aquello como cuando el moreno de mi cuna me volvió hacer levemente hueco bajo sus pies, después de 20 años, lo llevamos en vía crucis por su barrio porque cumplía años, y que satisfacción que algunos de la puerta me los llevase para adentro para que lo escucharan hablar en el evangelio. Cogimos la cruz pesada que abriría el camino, pero la cruz que vino después fue tan pesada que el ensayo de San Gonzalo por la carretera de Coria, me parece ya de por lo menos hace tres años…
Y es que los capillitas ni nos acordamos de Dios en todo el año… pero que lo que pretenden hacer esos que dicen eso, eso, es lo que hacemos durante todo el año… una vez, una amiga en Linares nos preguntó por whatsapp que estábamos haciendo en aquel momento de aquel Domingo de Ramos en Sevilla. Le dijimos: “vamos a ver a la Estrella”. Y nos contestó: “acabo de verla en la Campana” … nuestra contestación es el resumen de lo que será esta Semana Santa… “tú no has visto la Estrella, tú has visto la tele”.





jueves, 26 de marzo de 2020

RECEMOS COMO EN 1769...



No corren psicológicamente hablando buenos tiempos para por lo menos mostrar un ritmo de la vida normal, dentro de lo que cabe. Tras pasar la indignación y la pena de toda suspensión de las cosas cotidianas que nos esperaban e inmersos en ese mar de dudas en la que nos tienen los de arriba, uno se pregunta qué deparará el mañana. Mi reclusión, haciendo caso a los facultativos, la estoy llevando con la lectura atrasada y el trabajo en la documentación que he venido recogiendo.
Cuando comenzó esta odisea, confiado como tantos de lo que nos decían, pensaba que esto no era para tanto. Pero las noticias nos han ido llevando a la gravedad del asunto, en la que tenemos que hacer lo que antes nadie hizo en la historia para salvar vidas: casi parar la vida. Quien me iba a decir a mi que en pleno siglo XXI, en España iba a vivir una epidemia como esas que eran el día a día (aliñadas con guerras) en las gentes y culturas del antiguo régimen. Está claro, que los avances médicos aún no han sido capaces de eliminar estas situaciones. Muchos se desgarran las vestiduras porque la iglesia ha cerrado los lugares donde antaño se creía que eran los únicos lugares para poder buscar una solución a una pandemia: los templos. Pero hoy, hemos crecido y la mejor oración como cristiano debemos hacerla en nuestras casas. En un principio, me negaba a tener que pedirle nada de este error (culpa de los humanos) a Dios, pero con el paso del tiempo, creo que en verdad deberíamos encomendarnos al que todo lo puede como hicieron nuestros antepasados para que sea lo que Él quiera. Y como no, pedir a la mediadora por antonomasia, la Virgen Santísima.
Por ello, les dejo una oración un tanto especial. Una oración que he encontrado entre los papeles viejos. Entre los protocolos notariales de la villa de Linares me encontré un papel con un texto que me llamó la atención… era, parece ser, una salve, sobre todo dedicada a la Virgen en sus tormentos dolorosos por la pasión y muerte del Redentor, su hijo. Se encontraba entre las páginas del testamento de Dª María de Monleón Ramiro, otorgado el día 1 de abril de 1769 ante el escribano de villa de Linares, Rodrigo José Alaminos.[1]
No sabemos quién lo escribió, no parece coincidir con la lera del escribano y por qué se encuentra ahí. Si se usó de separata por alguna razón. La testadora residente en Linares (natural de Granada, soltera y mayor de 60 años) y fallecida al día siguiente del otorgamiento (que lo hizo convaleciente de un accidente) no deja entrever en sus mandas ninguna devoción especial a una dolorosa. En aquel tiempo sobresalía la devoción a la imagen de la Virgen de los Dolores del convento de San Juan Bautista de la Penitencia. Pero no, sus misas van dedicadas a otras devociones de gloria (Linarejos, Cabeza…) y no deja nada a cualquier dolorosa linarense.
Sea lo que sea, ahí encontré un ejemplo de cómo rezaban en el siglo XVIII, y cómo afrontaban las penas de la vida con muchos menos adelantos que los nuestros (de los testamentos me suele impactar frases como: “me hallo en cama con el accidente que Dios Nuestro Señor ha sido servido de darme, más por su divina misericordia, estoy en mi entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural…”). Como dije al principio, es hora de aguantar, seguir en casa, buscando entretenimiento y rezar por que esto acabe, porque mueran los menos posibles y por la situación económica que nos podamos encontrar. Yo lo hago con la historia y mi pasión religiosa, y no se me ocurría otra cosa mejor que poder compartir con todos vosotros que esta oración de 1769.
Transcripción:
Dios te salve mar de angustias
dolorosísima reina
Madre llena de aflicciones
de misericordia y pena
vida que al pie de la cruz
aunque de amarguras llena
¿fuiste? Dulzura del nombre
suave esperanza nuestra
Dios te salve dolorosa
a ti los suspiros vuelvan
como madre te llamamos
compadeciendo tus penas
los miseros desterrados
por las culpas hijos de Eva
a ti tórtola afligida
suspiros de tristeza
gimiendo nuestros pecados
y llorando culpas feas
en este valle infiel
[frase perdida]
constante abogada nuestra
vuelve a nosotros benigna
esos tus ojos que perlas
vierten misericordiosos
Por nosotros que finezas
y después de tantos halles
que en este destierro suenan
en vuestro oído piadoso
muéstranos por dulce prenda
a Jesús fruto y bendito
de tu vientre, oh de pureza
oh clementísima madre
oh piadosa entre mil penas
oh dulce entre amarguras
siempre Virgen Madre y Reina
oh María inmenso mal
de dolores y grandezas
ruega por nosotros santa madre
de dios hombre halla en su diestra
para que seamos dignos de alcanzar por vuestras penas
los prometimientos de Nuestro Señor que reina
por los siglos y edades eternas.
Amen.”



[1] AHPJ, legajo 15152, fol. 59r- 65v.

martes, 10 de marzo de 2020

EL CIRINEO DE GONZÁLEZ OREA. (Programa de Semana Santa de Bailén 2020)


La llegada a los domicilios de los cofrades bailenenses del Programa de Semana Santa es la señal inequívoca de que la añeja y antigua Semana Santa bailenense volverá a resurgir cuando esa cuenta atrás lleve a los capillitas a estallar en sus sentidos aquello con lo que finalicé mi pregón de hace 5 años… “hágase la semana santa…”. Un año más he seguido fiel a la cita desde que me enganché a contar cada año cualquier página de la historia de las cofradías bailenenses. Este año sigo quedándome en el siglo XX, en aquella década de los 80 que tanto cambió la anquilosada celebración. Aquel viejo régimen que ya a un viejo cronista de los años 20 desesperaba porque no se igualaba con la de los pueblos limítrofes, pero eso será otra historia, ¿quién dice si no es la del año que viene…?
Este año me paro en dos figuras que tuvieron su protagonismo y que pasaron al olvido. Ya en los inicios de este blog publiqué la primera foto sobre una imagen de la que solo me hablaban pero no lograba conocer. Posteriormente afiné la vista y lo encasillé y atribui a un artista, y con ello la historia de su vida cambió, diría que radicalmente. Después lo conocimos en la magia del video ayudando a Jesús Nazareno bajo la luz que daba las masas populares, al son del tambor “machacón” y la marcial corneta, cuando no era la música tan televisiva en aquella década que le metía a los “beta” José Luis López. Ahora con la ayuda de la fuente primordial, los archivos, hemos podido documentar que aquel cirineo que a nadie gustó era una obra de arte contemporáneo salida de la mano del andujareño Antonio González Orea. Podremos conocer desde quien pudo ser aquel hombre de Cirene, hasta su presencia en el arte, su aportación en nuestra área de influencia pasando por los avatares de su adquisición para culminar conociendo un poco al artista que lo creó e incluso que más obras tiene en Bailén. Sin duda, como pasara con Palma Burgos, pongo en el panorama historiográfico la obra de González Orea en Bailén.
Pinche aquí para su lectura y descarga.



lunes, 9 de marzo de 2020

LOS "COSTALEROS" DE LA VIRGEN Y EL DORADO DE SU RETABLO EN 1734 (Boletín Nazareno, 2020)


Inmerso ya en la cuaresma, están saliendo publicados mis últimos trabajos. En esta ocasión les dejo con una colaboración para el boletín cuaresmal de la hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno de Linares. Una página más para su historia, la que va indisolublemente unida al primitivo convento de San Francisco de Asís, donde hoy siendo iglesia y parroquia sigue manteniendo su sede canónica. Pero lo tiempos han cambiado mucho, y un trocito de los avatares que ha vivido la cofradía es lo que aquí se narra. Una circunstancia que encontré en los protocolos notariales de Linares en la que nos habla sobre los antiguos modos de procesionismo en la antigua semana santa linarense y a su vez del patrimonio y lugar que ocupó la cofradía en el templo. Una pequeña historia cofrade que incluso nos desvela viejos artesanos de lo sacro que vuelven a resurgir de sus cenizas. Conoceremos quién y cómo procesionaba a la titular mariana de la cofradía y como y quien doró su antiguo retablo. Desde estas líneas agradezco a la hermandad en nombre de su hermana mayor por acceder gustosamente a la publicación de este trabajo.
Pinchen aquí para la lectura y descarga del artículo.

Primera página de la escritura declarativa. Fuente: propia (AHPJ)
Transcripción de la escritura notarial:
[fol. 16r] Escritura declarativa otorgada por Don Joaquín de Aguirre vecino de esta villa en favor de Don Ramón Francisco de Chazar; Dn Juan Gerónimo Muñoz; Miguel de Morales y otros vecinos de esta villa.
En la villa de Linares en catorce días del mes de febrero de 1734 ante mí el escribano del rey nuestro Señor en todos sus reinos y señoríos público y del número propietario de esta dicha villa por su majestad y testigos parecieron Don Joaquín  Joseph de Aguirre administrador General del Asiento y Reales fábricas del Plomo de esta dicha villa, y dijo que por cuanto se hayan Don Ramón Francisco de Chazar; Miguel de Morales; Don Juan Gerónimo Muñoz, Don Andrés de Tejada, y otros vecinos, todos de esta dicha villa con la obligación de sacar a Nuestra Sra. de los Dolores (que se venera en el convento de Nuestro Padre San Francisco de esta dicha villa) el Viernes Santo por la mañana en la procesión que sale de dicho convento, cuya obligación según al otorgante se le ha informado, fue por seis años, y con la calidad de que cada uno de dichos obligados había de pagar a prorrata lo que tuviese de costa el dorar el retablo o tabernáculo de dicha soberana imagen, y que dicho dorado se había de efectuar en el tiempo de los expresados seis años de la referida obligación, y siendo uno de los obligados a sí mismo Don Fernando de Cuadros, difunto, vecino que fue de esta villa por cuyo fallecimiento, por algunos de los referidos obligados, se le pidió a el otorgante entrase en lugar de dicho difunto para sacar a dicha [fol. 16v] soberana imagen con la obligación de pagar la parte que ha dicho Don Fernando pudiera tocarlo del dorado de dicho retablo; en lo que entró gustoso el otorgante por servicio a María Santísima de los Dolores (de quien es su especial devoto y ha recibido singulares beneficios) y en la procesión de Viernes Santo del año pasado de 1732, con los demás obligados sacó el otorgante en la procesión del Viernes Santo a dicha soberana imagen.
Y respecto de que dicha obligación cumplió el año próximo pasado de setecientos treinta y tres [1733], y dicho retablo no haberse dorado el mencionado tiempo de los seis años de dicha obligación a causa de la cortedad de medios en la mayor parte de los referidos obligados; por lo cual y atendiendo al mayor culto de dicha soberana imagen, y que dicho retablo estuviese con la mayor decencia, y corresponder el otorgante con lo que, como uno de dichos obligados, pudiera tocarle a dicho Don Fernando de Cuadros, difunto, para dicho dorado, considerando que si no doraba dicho retablo a su costa, no se podía efectuar, mediante la imposibilidad de dichos obligados; por cuya razones y la de haber expirado el tiempo de dicha obligación, ha determinado el otorgante dorar dicho retablo, como de presente se está efectuando a sus expensas; para lo cual trató este asunto con Manuel de Escobar maestro de dorador y vecino de esta villa. Y habiéndose convenido ambos en uno de los días del mes de octubre de dicho año pasado de treinta y tres [1733], otorgó [fol. 17r] escritura de obligación, ajuste y convenio ante Manuel Sebastián Soriano escribano de su majestad y del número de esta dicha villa y se obligó el otorgante a dar todo el oro y plata que fuere necesario para el dorado de dicho retablo y pagarle a dicho Manuel de Escobar diez reales y medio por sentar cada un libro de los que entrase en dicho retablo, y el expresado Manuel de Escobar se obligó también a hacer dicha obra en el término de tres meses y dejar dicho dorado bien sentado y bruñido y sobre buenos aparejos a vista de peritos, como constara de dicha escritura; y para que se vea que el otorgante cumple con la obligación que por sí contrajo por muerte de dicho Don Fernando de Cuadros, como también por la parte de los temas obligados a que se dirigió su voluntad; por todo lo cual hace y otorga esta escritura declarativa con todas las cláusulas, fuerzas, requisitos y circunstancias que para su mayor validación y firmeza se requieran; y así lo otorgó y firmó a quien yo el escribano doy fe conozco siendo testigos Don Manuel Francisco Jordán cura de la iglesia parroquial de esta villa, Cristóbal de Ortega y Luis Antonio Gutiérrez del Castillo vecinos de ella. 
Joaquín de Aguirre [rúbrica]
Ante mi Carlos Martínez de Torres [rúbrica]

Archivo Histórico Provincial de Jaén, protocolos notariales, leg. 15457, fol. 16r-17r.


LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...